viernes, 6 de septiembre de 2013
Fortuny. La batalla de Tetuán
viernes, 16 de julio de 2010
Pintando la Batalla de Tetuán
Fue la victoria en la segunda batalla de la guerra –la de Tetuán- la que sumió a los españoles en una espiral de fervor patriótico comparable a la pasada Guerra de Independencia. La decisiva participación en la misma de tropas de voluntarios catalanes y vascos, y el fervor popular hacia líderes militares como O’Donnell o Prim, sirvió en unos casos como fuente de inspiración para no pocos artistas, y en encargos oficiales para otros.
Así el talento de Mariano Fortuny (1838-1874), del que ya hemos hablado en este espacio, plasmó en su época africana y por encargo de la Diputación de Barcelona, una escena de la batalla plena en ricos cromatismos y luminosidad. La obra hoy en día se puede admirar en el Museo de Arte Moderno de la ciudad condal.
Batalla de Tetuán de Vicente Palmaroli
Vicente Palmaroli y González (1834-1896), artista que llegó a ser director del Museo del Prado, pintó en 1870 su “Batalla de Tetuán”. Esta obra, que fue regalada al Museo de Ejército por la duquesa viuda de Fernán Núñez, cuyo esposo la encargaría al pintor, representa el combate frontal entre la infantería española y las cabilas moras con la imagen del general O’Donnell al fondo.
El barcelonés Francisco Sans y Cabot (1828-1881) retrató su versión de la batalla en 1865 (“el general Prim atravesando las trincheras del campamento de Tetuán”), dando todo el protagonismo al líder español y a sus voluntarios catalanes.
En “la batalla de Tetuán” de Dionisio Fierros Álvarez (1827-1894), obra que pintó poco antes de su muerte, el protagonista vuelve a ser O’Donnell, rodeado esta vez de su estado mayor y dando ordenes a un ayudante. En el lienzo, y a diferencia de otras obras, podemos ver diferentes unidades y uniformes como los de los húsares de pavía de la izquierda, la guardia civil y la infantería a la derecha, y el voluntario catalán muerto a los pies de los caballos.
El Museo del Prado conserva la versión de la batalla pintada por Eduardo Rosales (1836-1873) en 1868. En un estilo que recuerda a Fortuny, el artista madrileño destaca en el lienzo la figura del general español y el ataque a las tiendas moras. La obra contiene la luz, el color y el movimiento, del que otras pinturas encargadas a otros artistas adolecen.
viernes, 26 de febrero de 2010
Fortuny, cronista de la guerra de África

En 1860 la Diputación de Barcelona propuso a un joven Fortuny, acompañar a los voluntarios catalanes del general Prim a la campaña de España en Marruecos (1859-1860 ), para tomar apuntes de los principales episodios de la “romántica” guerra de África y posteriormente poderlos conmemorar con su pintura. Fortuny acepto el encargo y viajó como reportero gráfico a Marruecos, donde recogió numerosas escenas costumbristas, que marcaron posteriormente su estilo, caracterizado por el preciosismo y la luminosidad.
Aunque acompañó al contingente bélico para poder glorificar sus heroicidades, plasmando en los lienzos escenas como: “La batalla de Tetuán” (Museo de Arte Moderno, Barcelona), “La carga de los húsares de la Princesa en la batalla de los Castillejos”, “La batalla de Wad-Ras” (Museo del Prado), o numerosos dibujos y bocetos de nuestros soldados; acabó fascinado por la luminosidad del país y el exotismo de la vida de sus habitantes, interesándole más que las acciones de armas, el estudio de los tipos y costumbres de los nativos árabes, ocupando a partir de entonces un lugar destacado en su obra. Buenos ejemplos de esta etapa en la vida artística de Fortuny son las obras “Marroquíes” (Museo del Prado) y “La Odalisca” (Museo de Arte Moderno de Barcelona).


La guerra iba a cambiar la visión que del mundo islámico tenían nuestros pintores -algo que ya había pasado en Europa de la mano de artistas como Ingres, Louis Francois Cassas o Delacroix- pues a partir de ella, Marruecos llamó su atención por su cultura casi desconocida, por sus cualidades lumínicas, por sus paisajes y prototipos de personajes.
Sobre su presencia en la pintura peninsular, se podrían señalar dos etapas: la primera la constituye la pintura de la guerra de 1859-60, mientras que la segunda se refiere a la posguerra, es decir, al último tercio del siglo XIX y primera década del XX. Ambas se caracterizan por su naturaleza romántico-orientalista, siendo Josep Tapiró (1836-1913), Ramón Tusquest (1837-1904) y Mariano Bertuchi (1884-1955), junto con Mariano Fortuny sus máximos exponentes.









