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viernes, 6 de septiembre de 2013

Fortuny. La batalla de Tetuán


El pasado mes de abril se inauguró en el Museu Nacional d’Art de Catalunya en Barcelona una exposición sobre Mariano Fortuny y sus  obras inspiradas en la estancia del pintor en Marruecos durante la Guerra de África, siendo el eje central de la exposición la obra “La Batalla de Tetuán. La exposición reúne dibujos, bocetos, acuarelas, estampas, pinturas y diferente material documental, en total más de 130 obras que explican el proceso de creación, el contexto histórico y los principales hitos biográficos de una de las pinturas más emblemáticas del MNAC.


La batalla de Tetuán de Fortuny. De la trinchera al museo, explica el proceso de creación de la obra y el contexto histórico en el que nace y se desarrolla la idea artística del pintor catalán, coincidiendo con su primer viaje a Marruecos en 1860, al recibir el encargo de la Diputación de Barcelona de plasmar en una serie de pinturas de historia los hechos más destacables de la guerra hispano-marroquí.


Entre las obras que se exponen, destaca una selección muy importante de dibujos preparatorios y apuntes del natural, en muchos de ellos se percibe el interés del pintor por el paisaje y la arquitectura africanos y, sobre todo, por la vida cotidiana y las costumbres de sus habitantes. Fortuny dibuja las calles, los edificios más significativos y las defensas de la ciudad. También realiza numerosos estudios de los tipos humanos más característicos e incorpora a los españoles a esas escenas de la vida cotidiana. Dibuja a los soldados haciendo guardia, comprando, hablando o durmiendo la siesta. Los apuntes más acabados son los retratos de los militares de graduación, ya que algunos de ellos protagonizarían las pinturas que le habían sido encargadas. También se interesa por el aspecto del campamento y realiza numerosos estudios de los uniformes, las armas, las monturas y, en definitiva, de todo aquello que le podía servir para construir los cuadros posteriores.



En cuanto a La Batalla de Tetuán, la pintura muestra una escena idealizada del momento en el que las tropas españolas irrumpen en el campamento moro, provocando su huida. La escena gana en dramatismo al situarnos ante la posición que ocuparía el enemigo. En el centro del cuadro, dirigiendo el ataque se sitúa el general Leopoldo O’Donnell (1809-1867), jefe del ejército español. A nuestra derecha, el gran héroe de la guerra, el general Prim (1814-1870), que se lanza sobre el campamento y que está a punto de sablear a un soldado moro. A la izquierda, se ve cargando al célebre Batallón de Voluntarios Catalanes, encabezado por el comandante Sugrañés (1807-1860). En la parte inferior vemos a un grupo de jinetes moros que representan al Estado Mayor, encabezados por el caballo blanco de Muley el-Abbás, jefe del ejército marroquí y hermano del sultán Mohammed VI. Mariano Fortuny muestra un profundo conocimiento del ejército marroquí al representar en su cuadro a las unidades más destacadas.





En el momento de su creación (1863-1865), La batalla de Tetuán fue una pintura de historia nada fiel a las estructuras y normas del género. Una obra singular y controvertida que, para su autor, se convirtió en un reto fallido, en un desengaño. Hoy, sin embargo, el cuadro nacido en el fragor de una trinchera, está considerado como una de las producciones más emblemáticas de Mariano Fortuny (Reus, 1838 – Roma, 1874), y es también una de las obras más admiradas de la colección del MNAC.


La muestra se podrá visitar hasta el 15 de septiembre, por lo que, aunque quedan poquitos días para su clausura, recomendamos encarecidamente acercarse a la montaña de Montjuïch.

viernes, 16 de julio de 2010

Pintando la Batalla de Tetuán


La curiosidad española por Marruecos y el norte de África, al contrario que en Europa donde ya desde el siglo XVIII la fascinación por Oriente había calado entre los artistas, no llegó a España hasta bien entrado el siglo XIX. Y lo hizo, precisamente, a raíz del estallido de la Guerra de África (1859-1860), conflicto bélico que motivó a numerosos pintores a representar escenas de las batallas allí acaecidas.

Fue la victoria en la segunda batalla de la guerra –la de Tetuán- la que sumió a los españoles en una espiral de fervor patriótico comparable a la pasada Guerra de Independencia. La decisiva participación en la misma de tropas de voluntarios catalanes y vascos, y el fervor popular hacia líderes militares como O’Donnell o Prim, sirvió en unos casos como fuente de inspiración para no pocos artistas, y en encargos oficiales para otros.

Así el talento de Mariano Fortuny (1838-1874), del que ya hemos hablado en este espacio, plasmó en su época africana y por encargo de la Diputación de Barcelona, una escena de la batalla plena en ricos cromatismos y luminosidad. La obra hoy en día se puede admirar en el Museo de Arte Moderno de la ciudad condal.

Batalla de Tetuán de Vicente Palmaroli

Vicente Palmaroli y González (1834-1896), artista que llegó a ser director del Museo del Prado, pintó en 1870 su “Batalla de Tetuán”. Esta obra, que fue regalada al Museo de Ejército por la duquesa viuda de Fernán Núñez, cuyo esposo la encargaría al pintor, representa el combate frontal entre la infantería española y las cabilas moras con la imagen del general O’Donnell al fondo.

El barcelonés Francisco Sans y Cabot (1828-1881) retrató su versión de la batalla en 1865 (“el general Prim atravesando las trincheras del campamento de Tetuán”), dando todo el protagonismo al líder español y a sus voluntarios catalanes.

En “la batalla de Tetuán” de Dionisio Fierros Álvarez (1827-1894), obra que pintó poco antes de su muerte, el protagonista vuelve a ser O’Donnell, rodeado esta vez de su estado mayor y dando ordenes a un ayudante. En el lienzo, y a diferencia de otras obras, podemos ver diferentes unidades y uniformes como los de los húsares de pavía de la izquierda, la guardia civil y la infantería a la derecha, y el voluntario catalán muerto a los pies de los caballos.

El Museo del Prado conserva la versión de la batalla pintada por Eduardo Rosales (1836-1873) en 1868. En un estilo que recuerda a Fortuny, el artista madrileño destaca en el lienzo la figura del general español y el ataque a las tiendas moras. La obra contiene la luz, el color y el movimiento, del que otras pinturas encargadas a otros artistas adolecen.

Quedan en la recamara las representaciones pictóricas de otras batallas libradas en la Guerra de África, como Wad-Ras o Castillejos, pero si os parece, las iremos descubriendo –junto con sus autores- más adelante.

viernes, 26 de febrero de 2010

Fortuny, cronista de la guerra de África

La transformación del gusto que se experimentó en la pintura española durante la segunda mitad del siglo XIX estuvo marcada por la figura de Mariano Fortuny (Reus 1838- Roma 1874). La proyección de su obra fue asombrosa, cosechando un inesperado éxito, tanto en España como en París o Roma. Por desgracia, su temprana muerte no le facilitó el ocupar un puesto destacado entre los grandes maestros de nuestra pintura, que le corresponde sin ninguna duda.



En 1860 la Diputación de Barcelona propuso a un joven Fortuny, acompañar a los voluntarios catalanes del general Prim a la campaña de España en Marruecos (1859-1860 ), para tomar apuntes de los principales episodios de la “romántica” guerra de África y posteriormente poderlos conmemorar con su pintura. Fortuny acepto el encargo y viajó como reportero gráfico a Marruecos, donde recogió numerosas escenas costumbristas, que marcaron posteriormente su estilo, caracterizado por el preciosismo y la luminosidad.


Aunque acompañó al contingente bélico para poder glorificar sus heroicidades, plasmando en los lienzos escenas como: “La batalla de Tetuán” (Museo de Arte Moderno, Barcelona), “La carga de los húsares de la Princesa en la batalla de los Castillejos”, “La batalla de Wad-Ras” (Museo del Prado), o numerosos dibujos y bocetos de nuestros soldados; acabó fascinado por la luminosidad del país y el exotismo de la vida de sus habitantes, interesándole más que las acciones de armas, el estudio de los tipos y costumbres de los nativos árabes, ocupando a partir de entonces un lugar destacado en su obra. Buenos ejemplos de esta etapa en la vida artística de Fortuny son las obras “Marroquíes” (Museo del Prado) y “La Odalisca” (Museo de Arte Moderno de Barcelona).



La guerra iba a cambiar la visión que del mundo islámico tenían nuestros pintores -algo que ya había pasado en Europa de la mano de artistas como Ingres, Louis Francois Cassas o Delacroix- pues a partir de ella, Marruecos llamó su atención por su cultura casi desconocida, por sus cualidades lumínicas, por sus paisajes y prototipos de personajes.

Sobre su presencia en la pintura peninsular, se podrían señalar dos etapas: la primera la constituye la pintura de la guerra de 1859-60, mientras que la segunda se refiere a la posguerra, es decir, al último tercio del siglo XIX y primera década del XX. Ambas se caracterizan por su naturaleza romántico-orientalista, siendo Josep Tapiró (1836-1913), Ramón Tusquest (1837-1904) y Mariano Bertuchi (1884-1955), junto con Mariano Fortuny sus máximos exponentes.