viernes, 29 de julio de 2011

Martín de Vidales, la fiel infantería

Como en tantas otras ocasiones, conocí la obra de Luis Martín de Vidales (Toledo.1950) antes que al propio autor. Los pequeños bajorrelieves, metopas, y figuras que el escultor realizó para la Academia de Infantería de Toledo, y que han sido empleadas durante años como regalo protocolario, son algunos ejemplos menores de la estrecha colaboración entre este artista y el Ejército.


De padre artesano, ya de niño esculpía en troncos de acacia con las gubias que su progenitor le dejaba. A la edad de 11 años es matriculado en la Escuela de Artes y Oficios de la capital castellana, alternando las clases en la escuela con el trabajo en el taller del padre. Muy pronto le empezaron a encargar alguna escultura, realizando un paso de Semana Santa con cuatro figuras talladas en madera y policromadas con tan solo 20 años.


El recuerdo, durante esa infancia y adolescencia, del ambiente militar que se vivía en Toledo por la presencia de la Academia de Infantería, el Alcázar y la Escuela de Educación Física, llamó la atención de Martín de Vidales, quien atraído por la uniformidad militar de aquel entonces, su plasticidad y su magnífico atractivo artístico, empezó a hacer monumentos militares, repartiéndolos por toda la geografía española.


Escultor de corte clásico con influencias de artistas como Montañés, Alonso Cano o Salcillo, es un magnífico conocedor de la anatomía humana, plasmando en sus esculturas -como pocos- las emociones en el rostro humano. Como buen castellano su estilo es austero en las formas, como lo son los materiales que utiliza, siendo la madera, la piedra o la arcilla sus principales aliados.


Entre las esculturas más representativas de este artista, podemos destacar: el Alfonso VI a caballo presidiendo la entrada a la ciudad de Toledo, el monumento al soldado de remplazo en Melilla, el dedicado a los Regulares y el del homenaje a la Legión en Ceuta, el monumento a María de Portugal en Talavera de la Reina, el busto de S.M. la reina Doña Sofía del Pardo (Madrid), y el monumento a la Guardia Civil de Ceuta, entre otros.


Luis Martín de Vidales, artista cercano, amigo de sus amigos -los cuales pasan muchas horas en su taller toledano participando de su trabajo- en la actualidad dedica mucho de su tiempo y esfuerzo a la escultura religiosa. El Cristo yacente de Retuerta del Bullaque (Ciudad Real) es un magnífico ejemplo de sus últimas obras.

viernes, 22 de julio de 2011

El Museo de Cerralbo

Hay muchas razones para visitar Madrid en verano. El desahogo que proporciona las vacaciones de innumerables madrileños, propicia tanto a los que se quedan, como a todos los turistas que en esas fechas se desplazan a la capital, la visita de museos, exposiciones, restaurantes o monumentos, con tranquilidad y sin los agobios de otras fechas del año.

Esta semana, mi propuesta es la visita a un pequeño museo que sin duda os trasladará a otra época.


A finales de 2010, reabría sus puertas, después de cuatro años cerrado por obras, el madrileño Museo de Cerralbo, un palacio situado en pleno corazón de Argüelles, referente obligado para conocer la forma de vida de la aristocracia del siglo XIX y principios del XX.


Como museo de coleccionista, refleja el gusto aristocrático de la época a través de obras de arte y objetos cotidianos conservados en sus estancias originales que transmiten el sentimiento y el encanto de lo habitado, y por las cuales parece que el tiempo se hubiese detenido.


La exposición de la colección obedece a los criterios de su fundador, D. Enrique de Aguilera y Gamboa (1845-1922), XVII marqués de Cerralbo, quien destacó como político, académico, escritor, coleccionista y arqueólogo, y que a su muerte donó su patrimonio al Estado. El palacio fue concebido con una doble función: la de vivienda y la de museo para albergar las obras de arte reunidas por los marqueses de Cerralbo y sus hijos durante los numerosos viajes que realizaron por España y Europa.


El conjunto fue considerado como una de las colecciones privadas más importantes del país, y sin duda la más completa de su tiempo. Sorprendiendo al visitante la diversidad de objetos, pintura europea de los siglos XVI al XIX, esculturas, dibujos, estampas, monedas, medallas, piezas arqueológicas, armas y armaduras, además de una amplia representación de las artes decorativas de toda época y estilo –relojes, lámparas, joyas, cerámicas, muebles, alfombras, tapices- que, junto con los fondos bibliográficos y documentales antiguos, componen un total de más de cincuenta mil objetos.


El recorrido, perfectamente diseñado para el visitante, nos lleva por las 32 estancias de que consta el museo distribuidas en tres plantas. Un viaje por salones con nombres de colores y cargados de objetos de arte, visitando la capilla, el salón de la música, la armería, la sala árabe, el pasillo de los dibujos, la escalera de honor, el salón de baile, la biblioteca –con más de 10.000 ejemplares-, los jardines, etc.…


Entre esculturas y bustos, objetos de decoración y fotografías de época, se pueden admirar los retratos de Vicente López, la pintura religiosa de Antonio de Pereda, el Greco, Zurbarán o Alonso Cano, varios tapices de Pastrana, la pintura naturalista de Juan Fernández el Labrador, Giuseppe Rocco o Cristóforo Munari, los dibujos de Goya, o los murales de Soriano Fort y M. Juderías.


En lo referente al arte de temática histórica o militar, el museo contiene numerosos ejemplos, a destacar en la Escalera de Honor los dos lienzos trapezoidales que conmemoran episodios históricos –como la defensa de La Coruña en 1589- en los que intervinieron antecesores del marqués, los numerosos bustos y retratos de militares, las fotografías de las guerras carlistas de los pasillos, o el salón de las armaduras.


Museo Cerralbo. Calle Ventura Rodríguez, 17. Madrid

http://museocerralbo.mcu.es

viernes, 15 de julio de 2011

El retrato del Rey

En España, la pintura de retratos como género autónomo nació en el entorno de la corte, donde sirvió para fijar la imagen del rey y su familia, trasmitiendo no sólo los rasgos físicos, sino un complejo concepto de Estado, de dinastía y de sociedad.

Esta semana traigo a este espacio, propuesto por mi buen amigo Fernando González de la Peña, un bosquejo del retrato regio, personificado en la imagen del rey Alfonso XIII, muy probablemente el monarca español más retratado en la historia de nuestro país.


Alfonso XIII con uniforme de húsar de Pavía (1907), de Joaquín Sorolla. Museo Sorolla. Madrid

Desde mediados del siglo XVI, los retratos de corte mostraban sin apenas variaciones el aspecto solemne, grave y distante de los Austrias españoles, sin que importara el sexo o la edad del individuo. El atrezo que acompañaba estas imágenes (escenario, muebles, vestimenta, joyas y armas) completaban esa sugestión de poder hasta convertirse en fórmulas estereotipadas que pervivieron hasta bien entrado el siglo XVIII, aunque la llegada en 1700 de la dinastía Borbón a suelo español, introdujo nuevas maneras en la corte.


Alfonso XIII con uniforme de húsares de la Princesa, de Antonio Ortiz Echagüe (1927). Museo de Historia de Madrid

En el siglo XIX, la consolidación de la burguesía como cliente de creciente importancia produjo un aumento del número de retratos y favoreció la dedicación a ese tema de los principales pintores. En el primer tercio de siglo se muestra, junto al genio de Goya, la brillantez técnica de Vicente López y el rigor de la orientación neoclásica.


El rey Alfonso XIII en uniforme de almirante de la Armada, por Fernando Álvarez de Sotomayor. Museo Naval de Madrid

El segundo tercio revela el esplendor del romanticismo en sus focos sevillano y madrileño, con figuras como Antonio Esquivel, Federico Madrazo. A lo largo de las últimas décadas del siglo el camino hacia el realismo y el naturalismo se advierte en las pinturas de Raimundo de Madrazo, Ignacio Pinazo y Joaquín Sorolla entre otros.


Retrato de Alfonso XIII con el uniforme de maestrante de Sevilla (1929), de Gonzalo Bilbao. Museo de Bellas Artes de Sevilla

Alfonso XIII, cuenta con más de un centenar de retratos, pintados por los mejores artistas de la época. Los motivos de esta cantidad de iconografía retratística del monarca, son varios: por un lado la búsqueda de una imagen política fuerte y reconocible en la sociedad española de principios de siglo XX, por otro la consabida afición del rey por el retrato –tanto en pintura como fotográfico-, y sin duda, la búsqueda de reconocimiento artístico y oportunidades en la corte en no pocos artistas.


Alfonso XIII con el uniforme de diario de capitán general, por Fernando Álvarez de Sotomayor


Retrato ecuestre de Alfonso XIII con uniforme de coracero de la Guardia Real, de Josep Cusachs (1906). Colección privada

Curiosamente, las innumerables pinturas del monarca nos han dejado un interesante legado uniformológico, al ser retratado con una gran variedad de uniformes militares, otra muestra de la imagen de rey-soldado que se quisieron potenciar en Alfonso XIII los gobiernos de la época. El “Museo de la Vida en Palacio”, ubicado en el Palacio Real de Aranjuez, guarda gran parte de estos uniformes, junto con abundantes pinturas y esculturas del rey.


Alfonso XIII con uniforme de húsar de Pavía (1915), de José Mongrell Torrent. Ayuntamiento de Cullera (Valencia)

Hay una serie de elementos y rasgos -como el uso de columnas, su habitual pose, los tapices rojos, la orientación hacia la derecha- que se repiten en sus retratos, y a los que generalmente se les ha buscado un significado, llegándose a hablar de símbolos de poder. Lo que es cierto, es su predilección por ciertos artistas como Álvarez de Sotomayor, quien le pintó una docena de retratos, o Joaquín Sorolla con seis.


Retrato ecuestre de Alfonso XIII, de Román Navarro. Museo de la Academia de Caballería. Valladolid

Quedan para el recuerdo anécdotas de la época, como el comentario de Valle Inclán quien dijo del cuadro de Sorolla en uniforme de húsar, que “el rey parecía un cangrejo cocido”, o la pintura a caballo que le hiciera Ramón Casas, cuyo resultado no convenció al rey ni a su familia ya que “al ser tan realista y no mostrar ningún signo de autoridad”, el retrato pareció más burgués que cortesano.


Alfonso XIII en uniforme de general de Alabarderos (1901), de José Villegas Cordero. Palacio Real de Aranjuez


Anécdotas a parte, es indudable el poso artístico que el personaje de Alfonso XIII dejó en la historia del arte español, poblando de grandes retratos, museos, palacios y colecciones privadas.
Las imágenes que he seleccionado para acompañar este artículo, es solo una muestra de la iconografía artística con que cuenta el monarca. Quien quiera seguir admirando retratos suyos, puede hacerlo en este interesante blog.

viernes, 1 de julio de 2011

Gabriel García Calvo y la customización de figuras 1:6


Octubre de 1941, el 2º batallón del Reg. 269 de la División Azul, el conocido “batallón Román”, se encuentra a orillas del rio Voljov, en pleno frente Ruso. En un punto concreto, donde el río tiene una anchura de trescientos metros, el comandante Miguel Román hace cruzar a su fuerza en botes neumáticos internándose en territorio enemigo. La maniobra se realiza en silencio, sin protección artillera, explotando el factor sorpresa, pasando la tierra minada y lanzándose al asalto de la cota escogida: un vital observatorio de la artillería soviética. Después de establecer la cabeza de puente, los soldados españoles, en un combate para el recuerdo, rechazan un fuerte contraataque del 2º Batallón del 848 Regimiento soviético.





Esta y otras historias de la “Blau”, fueron recogidas en el libro “Batallón Román, una historia fotográfica del 2º batallón del regimiento 269 de la División Azul” de Fernando Carrera Buil y el pintor Augusto Ferrer-Dalmau (2003). Posteriormente, el susodicho artista catalán plasmó en un lienzo de turbadora y violenta belleza, un pasaje de esa acción titulado “Voljov 1941”, pintura que atrajo la atención del también artista -esta vez del modelado- José Gabriel García Calvo (Valladolid, 1962), quien ha realizado la obra que esta semana traigo a este espacio.




Modelos a 1/6, customización, figuras de acción, son términos relativamente nuevos para el aficionado al arte militar. En palabras del mismo autor “…me imagino que los modelistas de figuras "clásicos" sienten la misma perplejidad que yo cuando, por primera vez, ven figuras a escala 1/6, sobre todo si están "customizadas" (término que define la remodelación más o menos exhaustiva de una figura comercial). ¿Son demasiado grandes para ser consideradas miniaturas? ¿tienen tela y materiales reales.......?” Estas son algunas preguntas que nos podemos hacer cuando vemos este tipo de piezas, que por su espectacularidad a nadie dejan indiferente.




Con este primer trabajo, Gabriel García Calvo se he acercado a esta escala sin prejuicios y con curiosidad, tras muchos años modelando figuras de otros tamaños, comprobado que trabajar a esta escala no es más que otra faceta de la afición por el modelismo militar, con algunas técnicas diferentes, pero con la misma base común. Los modelistas de 1/6 pueden alcanzar los mismos grados de destreza artista que los que trabajan a otros tamaños.




La base de la figura escogida es una referencia articulada de la marca Dragón, a la que el autor desvistió para, con ayuda de masilla, rehacer los músculos y así conseguir la postura deseada. La cabeza es de la casa comercial Barton, aunque también se le ha retocado en el acabado y en la textura de la piel. La ropa (de tela real) se descose, para posteriormente adaptarla al nuevo contorno muscular mediante pegamento, fijándola finalmente con cola blanca y barniz.





A partir de ahí las posibilidades son infinitas y todo depende de lo que los modelistas se quieran complicar. Hay que tener en cuenta que la documentación a manejar tiene que ser lo más exhaustiva posible, ya que los detalles así lo exigen. En este caso, García Calvo le cambió el casco de serie por uno fundido en metal de bajo punto de fusión, sacado de un original; retocó, entre otras muchas cosas, una granada vaciando el interior y creando tapa y roscas, para a posteriori hacer moldes y copias; distribuyó casquillos de resina por el suelo; pintó y repasó todas las piezas (por ejemplo las vetas de la madera en la ametralladora), dándole el aspecto sucio y de combate que el cuadro representa; para finalizar, creó el terreno nevado a partir de nieve artificial. El resultado: una escena de un realismo que impresiona.




El 1/6 es un hobby en alza, un golpe de aire fresco en el mundo del modelismo militar -y que en países como EEUU o Japón hace furor desde hace tiempo- con un futuro prometedor, ya que el relevo generacional probablemente está asegurado, algo que en el modelismo tradicional por desgracia no es así.


Las fotografías de esta actualización han sido realizadas por FIT Imagen