En un blog como este dedicado al arte militar, no podía faltar la referencia a una de las más antiguas representaciones artísticas bélicas que se conserva en nuestro país: me refiero a la Sala de las Batallas del Monasterio San Lorenzo del Escorial.

La pintura de combates militares está especialmente vinculada a la decoración del Monasterio, obra emprendida por el rey Felipe II para celebrar la victoria de las tropas españolas sobre las francesas de Enrique II en la localidad gala de San Quintín. Durante su reinado, esta gesta militar y otras también de carácter bélico, fueron elegidas para decorar la llamada “Sala de Batallas”, espacio alargado que comunicaba los aposentos reales con la basílica y el colegio.

Con un lenguaje pictórico dibujístico, muy minucioso en el diseño de trajes y armas, en composiciones de amplias panorámicas con ejércitos y campamentos dispuestos ordenadamente, los pintores italianos Nicolás Granello, Fabricio Castello, Lázaro Tavarone y Orazio Cambiaso pintaron al fresco entre 1584 y 1591 varios episodios de las más famosas guerras ganadas por los ejércitos españoles, tales como la “Toma de la isla Tercera”, “la batalla de Higueruela” o la anteriormente mencionada “batalla de San Quintín”.

La Sala de Batallas es una impresionante estancia de 55m de larga por 5m de ancho y 7m de altura, iluminada por diez ventanas. Este tipo de recinto tuvo un amplio uso en el Renacimiento, ya que permitía disponer en el interior de los palacios de amplios espacios cubiertos donde se podía practicar desde el paseo, hasta audiencias, representaciones teatrales o conciertos de música. Su situación se puede considerar estratégica ya que comunica directamente con los Aposentos Reales, la basílica y el Colegio.

Dada su gran importancia dentro del mundo del siglo XVI, la decoración de la sala fue concebida siguiendo un programa iconográfico político-religioso, en donde, para realizar su lectura, hay que dar la vuelta completa a la estancia. En la pared principal se relata "La Batalla de la Higueruela", ganada por Juan II de Castilla a los moros granadinos en Sierra Elvira en 1431. En el primer testero se describe el "Castigo a la Isla Tercera" por la Armada española. Las escenas de las entreventanas narran nueve episodios de la campaña francesa de Felipe II, cuyo momento culminante se produjo el día 10 de agosto de 1557 con la gran batalla de San Quintín. En el segundo testero encontramos otro episodio de "La conquista de la Isla Tercera". Destaca, por su gran belleza, la fina decoración del techo a base de grutescos. En 1890 se instaló la barandilla de hierro que recorre toda la Sala según dibujo de José Segundo de Lema.


La importancia de estos frescos radica no tanto en su calidad pictórica cuanto en su importancia para estudiar, desde una concepción antropológica y artística, la utilización de la representación de las guerras -un motivo de presencia escasa en la pintura española- como una forma de propaganda. En cualquier caso es visita obligada para cualquier amante de la historia belica de nuestro país.










