viernes, 26 de noviembre de 2010

La Sala de Batallas del Escorial

En un blog como este dedicado al arte militar, no podía faltar la referencia a una de las más antiguas representaciones artísticas bélicas que se conserva en nuestro país: me refiero a la Sala de las Batallas del Monasterio San Lorenzo del Escorial.


La pintura de combates militares está especialmente vinculada a la decoración del Monasterio, obra emprendida por el rey Felipe II para celebrar la victoria de las tropas españolas sobre las francesas de Enrique II en la localidad gala de San Quintín. Durante su reinado, esta gesta militar y otras también de carácter bélico, fueron elegidas para decorar la llamada “Sala de Batallas”, espacio alargado que comunicaba los aposentos reales con la basílica y el colegio.


Con un lenguaje pictórico dibujístico, muy minucioso en el diseño de trajes y armas, en composiciones de amplias panorámicas con ejércitos y campamentos dispuestos ordenadamente, los pintores italianos Nicolás Granello, Fabricio Castello, Lázaro Tavarone y Orazio Cambiaso pintaron al fresco entre 1584 y 1591 varios episodios de las más famosas guerras ganadas por los ejércitos españoles, tales como la “Toma de la isla Tercera”, “la batalla de Higueruela” o la anteriormente mencionada “batalla de San Quintín”.


La Sala de Batallas es una impresionante estancia de 55m de larga por 5m de ancho y 7m de altura, iluminada por diez ventanas. Este tipo de recinto tuvo un amplio uso en el Renacimiento, ya que permitía disponer en el interior de los palacios de amplios espacios cubiertos donde se podía practicar desde el paseo, hasta audiencias, representaciones teatrales o conciertos de música. Su situación se puede considerar estratégica ya que comunica directamente con los Aposentos Reales, la basílica y el Colegio.


Dada su gran importancia dentro del mundo del siglo XVI, la decoración de la sala fue concebida siguiendo un programa iconográfico político-religioso, en donde, para realizar su lectura, hay que dar la vuelta completa a la estancia. En la pared principal se relata "La Batalla de la Higueruela", ganada por Juan II de Castilla a los moros granadinos en Sierra Elvira en 1431. En el primer testero se describe el "Castigo a la Isla Tercera" por la Armada española. Las escenas de las entreventanas narran nueve episodios de la campaña francesa de Felipe II, cuyo momento culminante se produjo el día 10 de agosto de 1557 con la gran batalla de San Quintín. En el segundo testero encontramos otro episodio de "La conquista de la Isla Tercera". Destaca, por su gran belleza, la fina decoración del techo a base de grutescos. En 1890 se instaló la barandilla de hierro que recorre toda la Sala según dibujo de José Segundo de Lema.



La importancia de estos frescos radica no tanto en su calidad pictórica cuanto en su importancia para estudiar, desde una concepción antropológica y artística, la utilización de la representación de las guerras -un motivo de presencia escasa en la pintura española- como una forma de propaganda. En cualquier caso es visita obligada para cualquier amante de la historia belica de nuestro país.

viernes, 12 de noviembre de 2010

De Nowgorod a Possad

Frente ruso, octubre-diciembre 1941

Guerra del corazón. Dios con espadas

de nieve; asalta las auroras frías;

torres del sueño, humanas agonías,

resisten en la tarde enamoradas.


Otra guerra secuestra las miradas,

que apenas ven, sobre la estepa inerte

sin flor ni roca: campos de muerte,

crudeza de las sendas reveladas.


Comandante Antonio Barrera. Augusto Ferrer-Dalmau

Desde la sangre al alma persevera,

-álamos de oro dulce, tierna rosa-

como en otoño azul, mi primavera.


Pero Tu voz, Señor, duele y acosa.

Ya escala el muro piedad severa,

toda la luz desierta y silenciosa.


Voljov (Boceto y cuadro terminado). Augusto Ferrer-Dalmau

Cieno en los pies y estrellas en la frente

Tristes, tristes aldeas de madera.

Un álamo. Gorriones. Ojos mansos

de larga esclavitud y pobre tierra.

Infinita la sed que ya no sabe

de sí, junto a este río que se hiela,

y, en frente, el fuego, al fin, enardecido,

con la muerte acostada en la ribera.


"Que en Rusia están". Augusto Ferrer-Dalmau

Cieno en los cuerpos, en las armas. Joven

el corazón lozanamente acecha.

Envolviéndonos triste, triste pueblo

que nada pierde porque nada espera,

gleba de Dios paciente en la llanura,

humildad resignada y sin promesa.


Con trigales, y fuentes, y montañas,

el soldado defiende su promesa

mientras abriga al corazón un barro

de compasión y de nostalgia eternas.


"El Volchow". Dionisio Ridruejo (1941)

viernes, 5 de noviembre de 2010

José Daniel Cabrera, el último de la fila.

José Daniel “Jos” Cabrera Peña, es por su juventud, el último gran artista en llegar al panorama de la ilustración militar española.

Este granadino de 32 años, arquitecto de profesión, y sin formación específica en bellas artes, irrumpió hace dos en el mundo de las publicaciones de carácter histórico, con la fuerza que da la juventud, la pasión y las ganas de triunfar en lo que más se desea.

Antes, aunque atraído desde niño por el dibujo y la pintura, probó con las miniaturas -apasionado por la historia medieval- creando muñecos de trapo vestidos con ropa, cotas de malla y armaduras, todas tan reales como le eran posibles, confeccionando armas, hebillas, bisagras y cualquier pequeño detalle que pudieran contener.


En algún momento, terminada la carrera, José Daniel se planteó revisar todos los ecos que rondaban en su mente sobre la inutilidad del dibujo y la pintura como salida laboral hoy en día, convergiendo todo en una sola reflexión: "puedo dedicarle todos los años de mi vida a una profesión que no me gusta, pero al menos voy a dedicarle uno a mi pasión, tan solo por probar".


De esta manera, comenzó dibujando cómics en la creencia de verse incapaz de realizar nada mas elaborado, comprobando muy pronto que el cómic es una disciplina a veces mucho mas difícil que el dibujo desnudo. Tras publicar algunos pequeños trabajos en fanzines y revistas, empezó a ilustrar manuales técnicos, publicaciones de temas no militares, y hasta telones de fondo para comparsas de carnaval.
No fue, hasta cuando hizo converger su afición por las cosas militares antiguas con su pasión por el dibujo, cuando el conjunto mejoró y empezó a trabajar mucho más a gusto.

La prueba de ello fue su fichaje por la editorial Almena para confeccionar las ilustraciones del volumen “La batalla de Toro.1476”. Tras esta colaboración vendrían “Gravelinas.1558” y “La batalla de Aljubarrota.1385” para la misma editorial, “Alsacia” y “Amilcar Barca” para la editorial Sátrapa, y desde este mismo año, reparte su trabajo como colaborador estable para la revista “Desperta Ferro” pintando portadas y dibujos interiores, con trabajos para otras publicaciones y particulares.


Su trabajo, no por ser descriptivo, deja de ser personal e intuitivo. Emplea óleos y acuarelas, telas y papel, jugando con el color y la luz, sobre personajes bien perfilados y llenos de detalles, en los que destacan las poses y rostros de los mismos. Llama la atención la pintura de armaduras, donde consigue un realismo como pocos artistas.


Desde su blog “la brújula cromática” José Daniel Cabrera, nos va poniendo al día de sus trabajos y colaboraciones, deteniéndose, como ningún otro pintor, en la explicación de sus técnicas, los conceptos artísticos que propone, sus dudas y frustraciones, búsquedas plásticas, etc.…. Investigador constante, se encuentra cómodo en el ámbito de la ilustración editorial, aunque cada día sondea con mayor frecuencia dentro de la "pintura mas tradicional", de la que destaca los autores del siglo XVII y XIX.


Sin duda tenemos en José Daniel Cabrera Peña a un gran artista - además de un tipo cercano, amable y asequible - para seguir de cerca y no perder de vista.