viernes, 30 de julio de 2010

Pintura Naval

El mar y su representación pictórica ha sido desde hace siglos uno de los temas preferidos por numerosos artistas, que han elegido con mayor o menor fortuna este tipo de paisaje como fondo o incluso como protagonista de sus composiciones. Las célebres “Marinas”, con sus peculiaridades iconográficas propias, han logrado convertirse en un subgénero dentro de la historia de la pintura.


Rescate del Santísima Trinidad. Augusto Brugada

Pese a su extenso litoral, España apenas dio pintores de marinas hasta bien entrado el siglo XIX. A las topografías portuarias, retratos de barcos dieciochescos, y las imágenes de naufragios del Romanticismo, les sucedieron entonces vistas costeras, costumbres marineras, perfiles de naos y paisajes de playa.
El contraste del agua, el movimiento de las olas, la luz, la profundidad de los objetos o los cielos, son constantes puntos de referencia en este tipo de pintura.


Combate del navío Catalán con el inglés Mary. Rafael Monleón

Dentro de este singular género, destacan por su espectacularidad las escenas con navíos de guerra y las batallas navales, cuyo último fin propagandístico no sólo era mitificar un hecho histórico sino también exaltar el poderío marítimo de una nación. Los lienzos de Veronese y Tintoretto sobre la batalla de Lepanto o los cuadros de los románticos ingleses Turner y Constable sobre la batalla de Trafalgar, son buenos ejemplos del carácter político y conmemorativo de un tema pictórico que también nos ilustra sobre cuestiones distintas como la arquitectura naval o las estrategias bélicas.



Combate del Santa Ana y el Royal Sovering en Trafalgar. Ángel Cortellini

El Museo Naval de Madrid atesora la mayor colección de pintura naval de nuestro país. Las obras, en su mayoría realizadas al óleo, nos muestra una abundante iconografía sobre batallas y combates navales de los siglos XVI al XX; descubrimientos geográficos y expediciones españolas desde el siglo XVI; vistas de puertos y ciudades españolas, europeas y americanas; diversos tipos de buques y embarcaciones; monarcas españoles y diferentes protagonistas de nuestra Historia Naval.

Ataqué inglés a Tenerife. Esteban Arriaga

Dentro de la sección artística, el museo también conserva numerosas estampas y matrices realizadas en diversas técnicas, como calcografía (aguafuerte, buril, aguatinta, etc.) litografía y xilografía, ejecutados por autores de diferentes escuelas, como la española, alemana o flamenca.


Alas y rastreras. Carlos Parrilla Penagos

Entre los numerosos artistas españoles que han destacado en este género podemos citar a los pintores Antonio de Brugada (1804-1863), Rafael Monleón y Torres (1843-1900), Ángel Cortellini Sánchez (1858-1912), Antonio de Caula, Alfonso Sanz, Ignacio Suárez Llanos (1830-1881), Antonio Muñoz Degraín (1840-1924), Ramón Padró (1809-1876), Rafael Tejeo (1798-1856) o Julio García Condoy (1889-1977), entre otros, activos, la mayoría de ellos, durante el siglo XIX y principios del XX.


Marina. Augusto Ferrer-Dalmau

La pintura naval tiene en nuestros días grandes artistas como Carlos Parrilla, Esteban Arriaga o Augusto Ferrer-Dalmau, como protagonistas, a los que me gustaría dedicar más adelante un capítulo aparte.


Para ir haciendo boca, os dejo una web muy interesante sobre estos temas tan marineros.
http://www.todoababor.es/pinturas/index.htm

viernes, 23 de julio de 2010

Las pinturas del Salón de Reinos (II)

Esta semana retomo la segunda y última parte dedicada a las pinturas que un día adornaron el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro en Madrid. Y lo hago coincidiendo con las mismas fechas en que se abre al público el Museo del Ejército en su nueva sede del Alcazar de Toledo, museo que hasta hace pocos años se hallaba ubicado en el palacio protagonista de esta líneas, y que ahora paso a describir.


El Salón de Reinos ocupa un largo espacio rectangular en el centro del ala norte del palacio, el triple de largo que de ancho (34,6 x 10m) y alto de techos (8m). Una balconada de hierro daba la vuelta a la habitación, proporcionando a los cortesanos un espacio para contemplar desde arriba los espectáculos que tenían lugar en ella. Veinte ventanas dejaban entrar abundante luz, iluminando el espléndido mobiliario y decoración; los suelos estaban recubiertos de alfombras orientales y entre cada uno de los diez ventanales bajos, así como a cada lado de las dos puertas, se situaban mesas de jaspe. Junto a cada una de las doce mesas se erguía un león rampante de plata sosteniendo las armas de Aragón. El techo iba pintado al fresco con prolijos grutescos dorados, y entre los lunetos de las ventanas se habían pintado los escudos de los veinticuatro reinos de la monarquía española, que acabaron por dar nombre al salón.
La recuperación de San Juan de Puerto Rico. Eugenio Cajés

Pero los elementos decorativos más importantes eran las pinturas que colgaban de las cuatro paredes: las doce grandes escenas de batallas encargadas por Felipe IV, entre 1634 y 1635, a los artistas más ilustres de la época, y que ya en la primera parte de este artículo habíamos mencionado y mostrado en parte.
En la actualidad el Palacio-Casón del Buen Retiro junto con el Salón, que un día fue de Reinos, permanecen cerrados a la espera de incorporar sus salas al Museo del Prado.


La victoria de Fleurus. Vicente Carducho

La rendición de Breda. Velazquez

Ojalá llegue el día en que podamos ver el Salón junto a las pinturas que le hicieron famoso, tal y como el monarca dejó para la posteridad.

viernes, 16 de julio de 2010

Pintando la Batalla de Tetuán


La curiosidad española por Marruecos y el norte de África, al contrario que en Europa donde ya desde el siglo XVIII la fascinación por Oriente había calado entre los artistas, no llegó a España hasta bien entrado el siglo XIX. Y lo hizo, precisamente, a raíz del estallido de la Guerra de África (1859-1860), conflicto bélico que motivó a numerosos pintores a representar escenas de las batallas allí acaecidas.

Fue la victoria en la segunda batalla de la guerra –la de Tetuán- la que sumió a los españoles en una espiral de fervor patriótico comparable a la pasada Guerra de Independencia. La decisiva participación en la misma de tropas de voluntarios catalanes y vascos, y el fervor popular hacia líderes militares como O’Donnell o Prim, sirvió en unos casos como fuente de inspiración para no pocos artistas, y en encargos oficiales para otros.

Así el talento de Mariano Fortuny (1838-1874), del que ya hemos hablado en este espacio, plasmó en su época africana y por encargo de la Diputación de Barcelona, una escena de la batalla plena en ricos cromatismos y luminosidad. La obra hoy en día se puede admirar en el Museo de Arte Moderno de la ciudad condal.

Batalla de Tetuán de Vicente Palmaroli

Vicente Palmaroli y González (1834-1896), artista que llegó a ser director del Museo del Prado, pintó en 1870 su “Batalla de Tetuán”. Esta obra, que fue regalada al Museo de Ejército por la duquesa viuda de Fernán Núñez, cuyo esposo la encargaría al pintor, representa el combate frontal entre la infantería española y las cabilas moras con la imagen del general O’Donnell al fondo.

El barcelonés Francisco Sans y Cabot (1828-1881) retrató su versión de la batalla en 1865 (“el general Prim atravesando las trincheras del campamento de Tetuán”), dando todo el protagonismo al líder español y a sus voluntarios catalanes.

En “la batalla de Tetuán” de Dionisio Fierros Álvarez (1827-1894), obra que pintó poco antes de su muerte, el protagonista vuelve a ser O’Donnell, rodeado esta vez de su estado mayor y dando ordenes a un ayudante. En el lienzo, y a diferencia de otras obras, podemos ver diferentes unidades y uniformes como los de los húsares de pavía de la izquierda, la guardia civil y la infantería a la derecha, y el voluntario catalán muerto a los pies de los caballos.

El Museo del Prado conserva la versión de la batalla pintada por Eduardo Rosales (1836-1873) en 1868. En un estilo que recuerda a Fortuny, el artista madrileño destaca en el lienzo la figura del general español y el ataque a las tiendas moras. La obra contiene la luz, el color y el movimiento, del que otras pinturas encargadas a otros artistas adolecen.

Quedan en la recamara las representaciones pictóricas de otras batallas libradas en la Guerra de África, como Wad-Ras o Castillejos, pero si os parece, las iremos descubriendo –junto con sus autores- más adelante.

viernes, 9 de julio de 2010

Delfín Salas, pionero de la ilustración militar

Delfín Manuel Salas Carmena fue uno de los mejores dibujantes-ilustradores de temática militar que ha dado nuestro país. Pionero en el concepto de la ilustración histórica moderna, su obra ha sido -en más ocasiones de las debidas- injustamente tratada durante años, considerándola copia de otros artistas o con falta de rigor uniformológico. Algo hay de esto, no en vano Salas fue toda su vida un dibujante amateur, sin preparación académica alguna, por lo que para muchos de sus trabajos, se basaba en la obra de pintores conocidos, como de Josep Cusachs, por poner un ejemplo. Pero es de necios no reconocer en su obra preciosista, con un trazo ligero y perfeccionista, la mano de un artista con una innata percepción por el dibujo.
Militar de carrera, llegó al empleo de Comandante del Cuerpo de Ingenieros de Armamento y Construcción, tras su paso por La Legión, el Servicio Geográfico del Ejército, la Academia de Infantería en Toledo, o el Cuartel General en Madrid. Su prematura muerte en 2007, truncó una gran carrera en lo profesional, dejando un hueco en la ilustración militar española irremplazable

En 1982 gana los Premios Ejército en la modalidad de dibujo. Siendo este reconocimiento el que le abre las puertas para trabajar con el Ministerio de Defensa, volviéndose en poco tiempo indispensable en sus publicaciones.
Con fama de bohemio, Salas era un dibujante incansable, y en medio de los numerosos encargos que se le amontonaban en la mesa, siempre sacaba tiempo para hacer caricaturas a sus compañeros y amigos, realizar alguna maqueta (como la del edificio de la Academia de Toledo) o pintar figuras de plomo, que el mismo modelaba, fundía y pintaba.

Entre su extenso legado artístico podemos destacar la infinidad de láminas, tarjetas postales y felicitaciones navideñas dedicadas al uniforme español publicadas por el Servicio Geográfico y el Centro de Ayuda a la Enseñanza del Ejército; colaboraciones tan dispares como las hechas para revistas de índole militar, histórico o arqueológico, pliegos de soldados Recortables, y en numerosas obras editoriales como: “La Guerra de Cuba 1898 / Tropas Regulares Indigenas” publicada por Aldaba Ediciones (1989) compuesta por dos tomos, donde además de las ilustraciones, el texto también corre a su cargo; la colección “Las Guerras Carlistas 1833 – 1875” compuesta por 36 preciosas láminas de soldados del bando liberal y del ejercito carlista, publicadas por la Editorial Graficas Barcenilla en 1980; las ilustraciones de la “Historia de las instituciones y Colegios de Huerfanos del Ejército deTierra” Editorial Ministerio de Defensa(1997) y de la “Uniformidad de la Aeronáutica española” (1993), entre otras.

Aunque parezca mentira no he podido encontrar, después de varios meses de investigación, nada más acerca de la vida de este referente de la ilustración militar española, lo cual considero una pena y una injusticia hacia su persona. Con este pequeño esbozo de una vida dedicada a popularizar nuestra historia militar me gustaría rendirle humilde homenaje, sabedor de que siempre nos quedarán sus dibujos.